Los Cara Bolas

jueves, septiembre 07, 2006

los cara bolas


Desolado, dejo de escribir.

sábado, junio 10, 2006

VIAJE POR ESPACIO I


Estaba la noche cerrada y claro como un espejo el cielo. Apoyado sobre la barandilla del balcón,
los ojos muy abiertos y el ánimo muy relajado, comtemplaba maravillado la mayor, la mejor, la
más sublime, misteriosa y arcana obra de Dios: El Firmamento.
Aquel maravilloso cielo estallaba de luz, de estrellas blancas y planetas amarillos de estelas suaves y silenciosas que viajaban muy despacio; serenidad, vapor, éter, magia, grandiosidad, paz. Sin lugar a dudas esto era obra del mejor ingeniero.
Aquella magia me hizo perder el sentido del tiempo y creí estar volando, mis manos se soltaron suavemente de la barandilla, mi cuerpo levitaba, avanzaba, subía lentamente hacia el cielo, poco a poco, como una cometa tibetana, volaba pero no me inquietaba, al contrario; mi cuerpo no pesaba, mi espiritu se serenó dándome una paz hasta ahora ignorada.
Poco a poco alcanzaba una tranquilidad insospechada que me infundía valor para aceptar aquella realidad, moví lentamente la cabeza hacia abajo, hacia mi planeta tierra, para mi sorpresa ya no pude distinguir las formas de esta, ni sus montañas, ni sus mares, sólo veía una bola de irregulares proporciones, tirando a ese color azul en su mayor extensión, y que todos conocemos por los programas de televisión y que yo por primera vez veía de forma directa, en vivo.
De nuevo dirigí mi mirada hacia el espacio y repentinamente me cegó una luz blanca tremenda, perdí cualquier noción de mi situación, sólo una blancura infinita, mi cuerpo se precipitaba irresistiblemente hacia ella, me sentí engullido, tragado por aquella luminosidad silenciosa, empecé a sentir angustia no sabía si estaba parado, corría o volaba, ¡mi cuerpo!, ¿dónde estaba mi cuerpo?, trate de tocarme, no pude, era algo etéreo, espíritu; no sé.
Después de una eternidad, dentro de aquella luz empecé a vislumbrar a lo lejos una tremenda oscuridad, sin darme tiempo a reflexionar me encontré metido en aquella negrura. Mi cuerpo etéreo, creo yo, estaba en posición erecta, mis pies descansaban sobre un vapor negro, pero extrañamente dentro de aquella negrura, yo veía las cosas que me rodeaban.